Santiago-niñez-confesiones

Los recuerdos de esta época de mi vida no son un continuo, más que nada son momentos aislados de una vida, marcada por la felicidad y la
de una familia unida en todo momento. Esta familia no es matriarcal o patriarcal sólo existe, democrática y única, donde el respeto a los viejos es por sí mismo un valor indescriptible. No estoy seguro si la los recuerdos de las personas o hermanos son similares a lo que digo, pero lo que me trae a la mente son la sensación de un profundo respeto a nuestro núcleo.

Santiago, es una urbe en esos años que nos demuele y sobrepasa en todos los sentidos, olores, sabores y sensaciones que se recuerda con mucha nostalgia. No es que haya sido así esa ciudad sino más bien nosotros la descubrimos de esa forma.

Las largas caminatas bordeando el mapocho torrentoso en el invierno, con ese color achocolatado que asusta y en verano con ese ridículo riachuelo que apenas es perceptible por los transeúntes, pero coronado por los impresionantes colores brillantes de la cordillera y hermosos árboles del parque forestal que tiñen la atmósfera de esa dramática ambivalencia santiaguina donde domina el gris cemento pero siempre se descubren los colores veraniegos.

En la mente de niño puede ser que nada se vea obscuro o gris, pero fascinan los colores, en especial si se acompañan de una manzana acaramelada o un algodón azucarado de máquina.. cuidado¡ pasamos en frente de la iglesia del colegio alemán, en este barrio bellavista que aún no sabe de vida nocturna, tendré que confesarme .. he cometido gula.

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