Patricio, el final más cerca de lo que piensas

Como cada mañana de mi rutinaria vida taciturna la levantada es dura y agónica. Una manzana con cereal y agua cubren mis necesidades básicas calóricas por estos días nubosos. Los ángeles me espera con su oscuridad monótona, siempre frío y gris, como siempre. Al sortear el denso tráfico matutino típico de las urbes chilenas, llego a mi habitual lugar de trabajo en el cual como siempre surco por la estrecha vereda de la salud-enfermedad. Uno, dos, tres y cuatro lugares distintos de trabajo crean ese mosaico diario de ir y venir a cuestas de encontrar las dolencias. En el ocaso del día, me enfrento a Patricio. Su cara con pálido semblante y sus ojos tristes y grises contrastan con aquel fuerte hombre de altos principios y mirada firme y segura que alguna vez conocí. El cáncer lo consume. Yo lo sé y él lo sabe y aquí esta para seguir batallando contra la muerte segura. Es un valiente, es un héroe. Recorro con la máquina su cuerpo herido y diseminado encontrando no uno, sino cientos de marcas de la batalla desigual que se libra en ese cuerpo ya malherido. El tumor maldito esta venciendo, su cuerpo ya no resiste otra arremetida cruel, pero el alma de Patricio esta intacta. En un par de décadas o quizás antes me tocará enfrentar el abismo al que todos desafiaremos alguna vez, aunque sinceramente, mi protagonismo no tendrá el temple de Patricio.

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